Nos preocupamos por los demás

Preocupación por los problemas ajenos

Nos preocupamos por los demás

La idiosincrasia del ser humano es la de ser generoso y caritativo. Cuando dos bebés están juntos y uno comienza a llorar, en la mayoría de casos el segundo bebé acaba llorando también.

 

La idiosincrasia del ser humano es la de ser generoso y caritativo. Cuando dos bebés están juntos y uno comienza a llorar, en la mayoría de casos el segundo bebé acaba llorando también. Nacemos con inocencia y empatía por naturaleza. Después, pasados los años, van surgiendo los cambios. A qué son debidos? No sabría explicar las causas, supongo que no será sólo una.

Ahora menos que nunca nos preocupamos por los demás y, cuando digo los demás, me refiero igual al vecino cercano que al niño africano. Pero será que no nos preocupamos o que no nos enteramos?

Nuestros abuelos, si sabían que una familia vecina no podía dar de comer a sus hijos, hacían más cantidad de puchero y repartían su comida; un día lo hacían unos otro día lo hacían otros… cuando les daban las gracias, contestaban: hoy por ti mañana por mí y, llevaban mucha razón pues ninguno estamos libres de una racha mala.

Tener el apoyo de los más cercanos y allegados como las familias, brinda e impregna al ser humano de una característica, la cooperación y colaboración de reciprocidad.

Hoy por hoy ni siquiera nos enteramos de las vicisitudes de nuestros vecinos, a veces, ni siquiera los conocemos. Todos y en todos los tiempos tenemos problemas de diferentes tipos, tener la ayuda cercana de alguien es de un valor incalculable.

Hace unos meses, a una familia vecina se le puso malito su hijo pequeño de seis años. Son de fuera y su familia no reside en este país. Tienen tres hijos más. Cuando ingresaron al pequeño, la madre no daba abasto y el padre tenía los ojos de zombi de no dormir; iba a trabajar y después se quedaba con el niño en el hospital hasta que llegaba la madre que tampoco dormía mucho debido a las tareas que también tiene con sus otros hijos y demás.

Habían pasado cuatro o cinco días cuando una vecina los vio en el descansillo de la escalera y al ver sus descompuestas caras les preguntó qué les pasaba. Le explicaron la situación.

Esta vecina es la vecina sociable de la comunidad, la que conoce a todo el mundo y que, casi siempre hay alguna vecina de este tipo en todas las comunidades.

Puso un cartel en el portal: ‘’vecinos del 5ºA tienen a su hijo en el hospital y necesitan ayuda para cuidar de sus otros hijos o para quedarse alguna vez en el hospital con el niño ingresado’’ los voluntarios pasarse por el 2ºB.

Ella organizó los relevos del hospital y las comidas, meriendas etc de los otros niños.

La colaboración de bastantes vecinos resultó ser muy beneficiosa para la familia afectada en particular y para todos en general.

Tres semanas en las que un conjunto de personas se unieron con una misma finalidad. Ninguno se cansó en exceso, nadie se agotó y la familia se sintió acompañada y apoyada hasta que su hijo, afortunadamente sanó. De haber estado solos, lo hubieran pasado muy mal.

Se hizo una pequeña celebración para todos por el alta del pequeño y, se puede decir, que esto marcó un antes y un después en la relación vecinal.

Por tanto pienso que, hay que pedir ayuda para recibirla y en la actualidad no tenemos esa facilidad, nos cuesta o al menos a muchos les cuesta pedir ayuda y no siempre tenemos a la vecina sociable que se encarga de pedirla por nosotros.

Creo que si pedimos ayuda, ahora como antes la recibiremos pues el ser humano en su naturaleza es compasivo.

La conclusión es la vergüenza o la cortedad que hay en estos tiempos para pedir ayuda y antes les costaba menos reconocer su no autosuficiencia.

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